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Me sorprendo, luego existo

Actualizado: 6 jun

Por: Catalina Jiménez Combariza- Directora y Fundadora, Sentidos Comunicaciones


Articulo publicado en Forbes

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Dentro de las compañías surge la necesidad de impulsar a los equipos en sus procesos de cambio con una comunicación oportuna.



Uno de los mayores retos a los que se enfrentan las organizaciones es el momento en que se implementa una nueva tecnología, se crea una política o simplemente se cambia alguna regla de la compañía; durante ese período es normal que surjan los usuarios reacios al cambio. La forma de atender este tipo de reacciones es con el “acompañamiento al cambio” desde todas las áreas y sobre todo desde la de comunicaciones; acompañar en la transición, en la adopción, será la piedra angular de un exitoso resultado.


El otro día quise que mi hija probara una nueva panadería que abrió en el barrio donde vivimos y su respuesta fue un rotundo NO, ya que ella quería sí o sí, ir por los cupcakes de su pastelería conocida y dónde ya sabe cuál es el sabor que le gusta. Estaba frente a mi propia usuaria reacia al cambio. En el camino le expliqué sobre la importancia de dejarse sorprender y de cómo muchas veces por no decir siempre, lo nuevo es promesa de grandes y gratas sorpresas. Al final, tenemos dos panaderías favoritas y aceptamos la posibilidad del cambio.


Dentro de las compañías surge la necesidad de impulsar a los equipos en sus procesos de cambio con una comunicación oportuna, clara, transparente y positiva. Pero también tenemos la posibilidad de transitar por estos momentos con una dosis de sorpresa, exponiendo lo positivo que puede tener una transición y en lo beneficioso de estas nuevas adopciones, variando en las herramientas y los canales que usemos, generando momentos que rompan la rutina y despierten la emoción de nuestros grupos de interés.


Esto me llevó a identificar cuáles son esos momentos clave en que sin pensarlo mucho, nos dejamos sorprender. Cuando estamos viajando, de alguna manera, soltamos la expectativa del resultado y disfrutamos el proceso, entramos a lugares desconocidos, escuchamos idiomas o al menos acentos diferentes, nos deleitamos al descubrir nuevos sabores y estamos normalmente en apertura al cambio, a lo nuevo.


Y me permití suponer si lográramos que nuestros usuarios, nuestros clientes internos y externos sintieran esa misma fascinación por nuestros mensajes, si nos diéramos el permiso desde comunicaciones para entregar mensajes valiosos, innovando en el canal, en el tono, en la forma en que nos relacionamos; en la que nos acercamos, en la que generamos nuevas narrativas y conversaciones. Tal vez tendríamos usuarios dispuestos al cambio permanente, y desde la apertura y sorpresa podríamos construir culturas organizacionales más flexibles, con comunicaciones más fluidas, y seguramente con un alto sentido innovador.


La apertura al cambio y a la sorpresa nos prepara para una interacción con grupos de interés que frente a una enorme avalancha de información son mucho más selectivos en las narrativas en las que se involucran y quieren ser tenidos en cuenta para la toma de decisiones sobre las marcas.


Las relaciones públicas acompañando a nuestros grupos de interés y la comunicación oportuna en cada paso del camino a la transformación puede ayudarnos a dar esos saltos organizacionales que en una sociedad tan hiperconectada y expuesta a información necesita de sorpresas que lo conduzcan a nuevas certezas, a una mayor innovación y seguramente nos garantizará el seguir existiendo como empresas.

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